Tras las magistrales y oscarizadas entregas de "El padrino" (1.972) y (1.974) firmadas por Francis Ford Coppola, adaptando la novela de Mario Puzo como las obras cúlmenes que retratan la Mafia, llega Brian de Palma con "Scarface" a presentarnos otra forma de ver el cine de mafiosos, eligiendo ambos directores al actor que mejor ha encarnado e interpretado este cine, el inigualable Al Pacino, actor entre actores.
De Palma se fija en un desharrapado inmigrante cubano tras la revolución castrista que llega a EEUU con una mano delante y otra detrás, sin estudios, sin apoyos, sin dinero, sólo con la ayuda de un amigo que huyó con él de la isla, Manny, interpretado por Steven Bauer, que poco a poco salen de su miseria en base a actuar sin escrúpulos y sin miedo a la muerte, ni las suyas ni las que provocan, hasta conseguir llegar a la cúpula del poder con el tráfico de drogas, mientras que Coppola en el papel de Michael Corleone es un hombre cultivado en las mejores facultades, abogado, con una exquisita educación, que recoge los "negocios" de su familia buscando darles una apariencia de legalidad, rechazando expresamente el tráfico de drogas.
Dos obras diferentes, estimables, inteligentes, que llenan la pantalla y seducen al espectador, que es el que verdaderamente debe valorar la valía de una u otra.
"Scarface" es violencia pura llevada al máximo exponente, pero también tiene su glamour. La escena del restaurante de lujo con la cena donde Al Pacino reprende a los comensales por su hipocresía y les da su opinión sobre los que consideran "buenos" ciudadanos, y los que son esencialmente "malos", y donde pronuncia su famosa frase de "...hasta cuando miento, digo la verdad..." la definen como una verdadera película de culto.
Grandes actuaciones de las dos actrices principales de la película Michelle Pfeiffer y Mary Elizabeth Mastrantonio, absolutamente diferentes tanto en sus perfiles como en sus papeles.
Una obra de arte. Un 10.