El mismo año en que se estrenó La guerra de las galaxias, Steven Spielberg llevó a los cines Encuentros en la tercera fase, uno de los grandes clásicos de la ciencia ficción que, sorprendentemente, nunca había visto hasta ahora. Aunque me ha gustado mucho, tengo la sensación de que la dirección está por encima del guion, escrito también por el propio Spielberg.
La película sigue principalmente a tres personajes: Roy Neary (Richard Dreyfuss), Jillian Guiler (Melinda Dillon) y el investigador francés de OVNIs Claude Lacombe (François Truffaut).
El principal problema que le encuentro es el desequilibrio entre sus tramas. La historia de Roy acaba acaparando gran parte del metraje y, llegado cierto punto, su obsesión por los OVNIs se desarrolla de forma tan insistente que el ritmo se resiente. De hecho, durante algunos pasajes de la parte central estuve a punto de desconectar.
Por el contrario, todas las escenas protagonizadas por Melinda Dillon me parecieron fascinantes. Incluso vistas casi cincuenta años después de su estreno, conservan intacta su capacidad para maravillar y transmitir una sensación genuina de misterio.
Sin embargo, es en su última media hora donde la película alcanza un nivel sobresaliente. Estuve completamente pegado a la pantalla. La puesta en escena, el sentido de la maravilla y la construcción de la tensión funcionan de forma extraordinaria. Es cierto que no estoy demasiado acostumbrado al ritmo pausado que maneja Spielberg aquí, sobre todo si se compara con el dinamismo de La guerra de las galaxias, estrenada ese mismo año.
Aun así, he disfrutado muchísimo de la experiencia. Algunas partes han envejecido mejor que otras, pero su desenlace sigue siendo una muestra de por qué Spielberg se convirtió en uno de los grandes cineastas de su generación.
votos
75/100
El mismo año en que se estrenó La guerra de las galaxias, Steven Spielberg llevó a los cines Encuentros en la tercera fase, uno de los grandes clásicos de la ciencia ficción que, sorprendentemente, nunca había visto hasta ahora. Aunque me ha gustado mucho, tengo la sensación de que la dirección está por encima del guion, escrito también por el propio Spielberg.
La película sigue principalmente a tres personajes: Roy Neary (Richard Dreyfuss), Jillian Guiler (Melinda Dillon) y el investigador francés de OVNIs Claude Lacombe (François Truffaut).
El principal problema que le encuentro es el desequilibrio entre sus tramas. La historia de Roy acaba acaparando gran parte del metraje y, llegado cierto punto, su obsesión por los OVNIs se desarrolla de forma tan insistente que el ritmo se resiente. De hecho, durante algunos pasajes de la parte central estuve a punto de desconectar.
Por el contrario, todas las escenas protagonizadas por Melinda Dillon me parecieron fascinantes. Incluso vistas casi cincuenta años después de su estreno, conservan intacta su capacidad para maravillar y transmitir una sensación genuina de misterio.
Sin embargo, es en su última media hora donde la película alcanza un nivel sobresaliente. Estuve completamente pegado a la pantalla. La puesta en escena, el sentido de la maravilla y la construcción de la tensión funcionan de forma extraordinaria. Es cierto que no estoy demasiado acostumbrado al ritmo pausado que maneja Spielberg aquí, sobre todo si se compara con el dinamismo de La guerra de las galaxias, estrenada ese mismo año.
Aun así, he disfrutado muchísimo de la experiencia. Algunas partes han envejecido mejor que otras, pero su desenlace sigue siendo una muestra de por qué Spielberg se convirtió en uno de los grandes cineastas de su generación.