Scott Pilgrim contra el mundo, es una película estilizada, divertida y arriesgada, que brilla más por su forma que por su fondo es una experiencia audiovisual como pocas, que desafía las convenciones del cine juvenil. Es una carta de amor a los cómics, los videojuegos y a toda una generación criada entre píxeles y guitarras distorsionadas. No es para todos y eso está bien, pero para quienes conectan con su lenguaje, se convierte en una joya generacional.
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Scott Pilgrim contra el mundo, es una película estilizada, divertida y arriesgada, que brilla más por su forma que por su fondo es una experiencia audiovisual como pocas, que desafía las convenciones del cine juvenil. Es una carta de amor a los cómics, los videojuegos y a toda una generación criada entre píxeles y guitarras distorsionadas. No es para todos y eso está bien, pero para quienes conectan con su lenguaje, se convierte en una joya generacional.