“¡Qué muerto de novio!” es una comedia de terror noventera entrañable que, aunque de primer momento no tener un protagonista con el que podrías empatizar, poco a poco se hace de querer y toma una evolución necesaria para que el espectador consiga empatizar con él.
No estamos ante una gran producción con unos grandes efectos, pero no la necesita, al igual que otras comedias de la misma época o de la década anterior.
Rob Balaban consigue encajar cada pieza que le ofrecen de una forma impecable.
Y, por otro lado, tendremos ese final que no habrá sido del agrado de muchos, pero, desde mi punto de vista, creo que era totalmente necesario, para cerrar la historia de una forma entrañable.
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“¡Qué muerto de novio!” es una comedia de terror noventera entrañable que, aunque de primer momento no tener un protagonista con el que podrías empatizar, poco a poco se hace de querer y toma una evolución necesaria para que el espectador consiga empatizar con él.
No estamos ante una gran producción con unos grandes efectos, pero no la necesita, al igual que otras comedias de la misma época o de la década anterior.
Rob Balaban consigue encajar cada pieza que le ofrecen de una forma impecable.
Y, por otro lado, tendremos ese final que no habrá sido del agrado de muchos, pero, desde mi punto de vista, creo que era totalmente necesario, para cerrar la historia de una forma entrañable.