“Sally” no busca sermonear, sino comprender. Cristina Costantini firma un documental íntimo y respetuoso que evita convertir a la astronauta en un icono de un único discurso. En lugar de eso, se adentra en sus múltiples capas: la científica brillante, la mujer discreta, la pareja silenciosa.
La relación con Tam O'Shaughnessy, tratada con enorme delicadeza, aporta una dimensión humana que emociona sin necesidad de subrayados. No hay victimismo, ni panfleto: solo verdad. Las recreaciones son sobrias y están al servicio de la memoria, no del artificio.
Más allá de la orientación sexual de Ride, lo que queda es el retrato de una pionera que navegó un mundo de hombres con inteligencia y coraje. Y sí, alguna lágrima se escapa. Por lo que fue, y por lo que nunca pudo decir en voz alta.